Todo comenzó hace más de una década, en las calles de Buenos Aires. Adrián, con una camioneta cargada de bidones de aceite y muchas ganas de salir adelante, recorría la ciudad acercando un producto esencial a almacenes, restaurantes y vecinos.
Eran tiempos de esfuerzo, de madrugadas y recorridos interminables, pero también de sueños grandes: construir una empresa que llevara calidad y confianza a cada mesa argentina.
Con el correr de los años, ese proyecto personal fue tomando forma. Lo que empezó con un volante, una libreta de pedidos y una camioneta, se transformó en una distribuidora sólida, reconocida por su compromiso con el cliente y la constancia de su servicio.
Hoy, nuestro hogar está en Santo Tomé, desde donde llegamos a toda la región con una logística ágil y un equipo humano que comparte la misma pasión con la que Adrián arrancó aquel primer reparto.
Seguimos creciendo, pero sin olvidar nuestras raíces: el valor del trabajo bien hecho, el trato cercano y el orgullo de ser parte de la cadena que lleva a la mesa un producto tan noble como el aceite de girasol argentino.
Porque nuestra historia no es solo la de una distribuidora: es la historia de la dedicación, la confianza y el sabor que nos une cada día.
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